miércoles, 8 de febrero de 2017

EL PROCESO DEL ESPECIAL" TERROR ORIENTAL"











Para el especial de Terror Japonés, Manuel Mota, co-director de la revista CTHULHU, me pidió unos bocetos donde se plasmara la tradición oriental, pero transmitiera inquietud, y parte de ese terror que se muestran en las páginas de interior. Predominaban las historias de origen nipón, pero había más variedad. La idea inicial de Manuel, era mostrar una belleza clásica japonesa, mirándose al espejo, y que ahí se intuyese el terror, mediante la personificación de algún tipo de demonio o criatura. Esa era la idea base, y me ceñí a ella, aunque decidí abarcar más posibilidades creativas que pudiesen funcionar también. Es una de mis labores como ilustrador, mostrar opciones y variantes, cuantas más mejor, nunca se sabe qué idea o mezclas de ideas son las que van a funcionar, y para eso hay que tocar todos los palos que se puedan. En esa tesitura me situé y comencé la fase creativa, la de composición de ideas para la portada, una de las más difíciles, por no decir la más complicada. Enseguida la idea de una geisha, como belleza clásica, se tornó como base imprescindible para el futuro de la ilustración.














Como veis, la opción del director, aparece por varios sitios, pero de distintas maneras y planteamientos, y también otras posibilidades que añadí yo.
Entre la 11 y la 15, se empezó a decidir la contienda, aunque la idea de la geisha frente al espejo mirándose seguía calando hondo en la cabeza de Manuel. Era importante que el carácter asiático de la portada se hiciese notar desde el principio, así que procuré que estuviese presente en todo momento.













En base a esas preselecciones, amplié el detalle en las elegidas e hice variantes, para concretar un poco más los bocetos. Por fin Manuel, decide y elige la cuarta, la que será la imagen de la portada.







Siguiente paso, una vez decidido el boceto final, ponerse con las pruebas cromáticas por un lado y empezar el dibujo a línea definitivo, cono todos los detalles, por otro. Estas dos fases, las suelo llevar a la par, para no retrasarme demasiado. Manuel, me hace un comentario muy visual, que me hará centrarme en determinados aspectos de las figuras de la composición: " incide mucho sobre la belleza de la geisha, el horror y la pestilencia que esconde el espejo". Se nota que Manuel es dibujante e ilustrador, además de director de la publicación, se agradece tener compañeros de la profesión, ejerciendo de directores, se agradece y mucho, saben de lo que hablan, su criterio es importantísimo para el producto final. Con Alex Ogalla, pasa lo mismo, guionista y co-director de la revista, sabe incidir desde su punto de vista de escritor, con comentarios y principios que ayudan a visualizar las imágenes que queremos ilustrar. Todo un gusto trabajar con gente apasionada, gente que ama lo que hace, y que el sacrificio les embriaga de placer, como a mi. "Sarna con gusto........."



Las pruebas cromáticas:















Cuando hago bocetos de color, intento partir siempre de temperaturas cálidas y frías, y luego hago variantes. Al igual, que en portadas anteriores, tengo en cuenta el último número publicado, para no repetir demasiado con la composición cromática. Santi Pérez, es el otro portadista con el que suelo compaginar portadas, y no quiero caer en las mismas gamas cromáticas que trabajó anteriormente. Su trabajo en esas portadas, absolutamente increíbles y demenciales, son también una inspiración para un servidor.

Desde el principio, la portada de fondo blanco causa impacto, esa era la idea, jugar con el blanco y el rojo de la bandera japonesa, pero además el blanco de la pureza, de la belleza nipona, y el rojo de la sangre, de lo visceral.
Entre la confirmación del boceto a color y otras decisiones, se planteó la idea de dar al fondo una textura como de pergamino, típico de la escritura japonesa. Al final se desechó, porque habría que cambiar la composición total de la imagen, el color, las texturas.........Al principio me lo planteé, pero a estas alturas, con una composición más que definida, poner una textura de pergamino, podría estropear el diseño inicial.

Con todo ya decidido, termino el dibujo definitivo a línea:








Con el dibujo, la prueba de color, y la documentación que he ido recopilando, es hora ya de ponerme a pintar el arte final. Lo difícil ya ha pasado, ahora toca concentración, labor, paciencia y precisión.









En esta ocasión la técnica pictórica utilizada ha sido la digital, no disponía del tiempo habitual para hacer un encargo como este, mi idea inicial hubiera sido trabajar con gouache o con acrílicos, pero la cercanía del plazo de entrega , me hizo decantarme por la técnica digital. Suelo trabajar con el Painter, para pintar, un programa que me resulta más cercano que el Photoshop, más cercano respecto de cómo trabajo yo, la pincelada me parece más natural que la del PSD. Sin embargo para tratamiento de la imagen, si que uso el PSD, mucho más potente.

Como ya es común en mi, no suelo trabajar con capas, me complican mucho la vida. Como mucho abro dos o tres, pero enseguida las acoplo para trabajar en el lienzo único. También, como podéis apreciar en este primer paso, no doy un volumen previo en grises, sino que voy pintando con volumen a la vez, la iluminación ya la tengo preestablecida en el boceto a color, solo tengo que ir precisando. En este caso empiezo por uno de los ojos del interior, desde dentro hacia afuera, y trabajando la parte visceral del personaje.










prosigo hacia abajo, dando esas primeras pinceladas de color, con pinceles densos, procuro meter diversidad de tonos medios pero muy relacionados entre si, muy cercanos los unos a los otros, para luego con pinceles de degradados, ir fundiendo cada zona en su punto de acabado. No detallo cada zona de manera excesiva, solo las partes que quiero que resalten , respecto de otras que quedan más ocultas o en planos posteriores, no quiero que resulte una amalgama confusa e indiferenciable, quiero que se aprecie cada parte de la zona de terror, y que luego contraste con la delicadeza y claridad de la belleza oriental.







Con el modo multiplicar, doy la tonalidad roja a casi todo el kimono, aquí si abro una capa, para ir poco a poco trabajando texturas, arrugas, etc.







Ojos por allí, ojos por allá, me dedico a ir pintándolos, me llaman mucho la atención, y me encanta destacarlos, marcar sus brillos, los colores del iris, la esfera que son, me gusta redondearla, con volúmenes suaves de sombras y luces.







Voy avanzando, quiero tener el color prácticamente repartido por toda la imagen para ir equilibrando y comparando volúmenes y texturas. A la cabeza y el pelo, les doy un importante empujón, al igual que las manos. La parte blanca del kimono empieza a mancharse, separando luces y sombras.







Con todo ya tapado, empiezo a centrarme en zonas determinadas e ir degradando con paciencia para detallar. Cada zona avanzada, requiere de la comparativa gral. con toda la imagen para que haya una coordinación única de todos los elementos figurativos de la ilustración. No puede quedar una zona más acabada que otra, todo debe ir al unísono, como en una orquesta.








A pesar de la infinidad de pinceles que tienen los programas digitales, y que se pueden hacer, realmente trabajo con cuatro o cinco pinceles, uno para aplicar la pintura y el resto distintos tipos de degradados, unos más suaves y otros más fuertes. Cuando pinto con técnicas tradicionales, hago lo mismo, tengo tres o cuatro pinceles, que son mis Maestros, y luego complemento con otros para texturas finales, pero sin abusar. Los brillos, la piel, el pelo.........todas las texturas tienen un mismo principio: la diferenciación de tonos, luces y sombras, y un mapeado de formas concreto cuando se dibujan. Todo lo demás es complementario, los pinceles de pelos o de otras texturas concretas, no hacen nada por si solos, solo en la última parte se pueden aplicar, para realzar una zona, pero no para sacar la textura de pelo, con un mínimo de calidad, o por lo menos, la calidad que yo busco en mis acabados.









Sigo volviendo para atrás cerrando zonas, acabando partes de la ilustración pero siempre comparando con todo lo demás para que no se me quede nada a medias. Cada vez, el repaso o la revisión se hace más obsesiva. Nada puede quedar suelto o a medias. Tiro mucho de zoom, para acercarme a todas las partes del cuerpo.











Los tentáculos, son zonas que me dan mucho trabajo, pero no puedo evitarlo: me encanta pintar tentáculos, y además siempre que puedo los añado en mis ilustraciones, debe ser un "remanente psicológico Lovecraftiano", debido a mis múltiples acercamientos al escritor de Providence, a quien he tenido la suerte de ilustrar bastante, tanto en obras suyas, como en productos derivados de su obra: juegos de rol, de cartas, cómics...........

Se me olvidaba, los adornos y complementos de la cabeza, los pinto, que casi se me pasan en esta ilustración, debido a la cantidad de detalles que aparecen en ella. El espejo, también lo doy por terminado.












el kimono, y esa tela de araña que se desprende de él, requieren del más exigente cuidado, no deben quedar planos, me gusta que se aprecie su volumen y su humedad. Voy terminando tentáculos, fundiendo el color con la línea del lápiz escaneado, que todavía se ve en algunas zonas. A estas alturas ya acoplé las dos capas que tenía y estoy trabajando solo en el canvas.

















Tanto arrugas del kimono, como manos y brazos, voy dándoles los últimos retoques. La ilustración está casi lista, cada vez repaso y reviso con más avidez, son muchas cosas y no quiero dejarme nada olvidado. Entre semana, debido a otros encargos y a mi labor como docente en Arteneo, no puedo más que dedicarle entre dos y tres horas diarias, pero los dos fines de semana en los que estuve trabajando en la ilustración me llevaron entre 14 y 15 horas cada día. Una paliza, si, pero es lo que hay. La calidad es el máximo principio en cada trabajo, y el hacerlo en digital, no signifique que se tarde menos, ni que sea más fácil.











Con el PSD, y con el ratón (para esto dejo el lápiz óptico), voy dando fogonazos de pintura con la opacidad menor de diez, para sacar o destacar algunas zonas de otras, y dar más profundidad a las diferentes erosiones de la figura: pliegues de la ropa, interiores, superposición de brazos, tentáculos, ojos, etc........Los estampados del kimono, deben permanecer pegados a la ropa que en ningún momento parezcan vísceras o algo orgánico.












Por fin, la ilustración ya está lista y acabada. Recuerdo que era un viernes de madrugada, y que debía estar en manos del diseñador, ilustrador y compañero de la revista CTHULHU, Carlos Lamani, a eso de las 7 '30 de la mañana, para su maquetación y edición, y enviarla a imprenta, junto con toda la revista. Esta vez, he sido yo el último en entregar, pero he llegado a tiempo, el sacrificio ha valido la pena. Carlos hace una labor de diseño impecable, y este es el resultado:







Otra portada más, otra marca en la pared, otro reto maravilloso conseguido. Esta profesión es un vicio, un vicio en vena, que no te sacia, y que siempre quiere más. Tener veneno en la sangre, es malo, pero si ese veneno es la ilustración, quiero morirme todos los días y sentirlo en todo mi ser.

Ha sido un placer, como siempre.